Los Personajes

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Mensaje  Morgan el Mar Feb 02, 2010 3:55 pm

En este tema que cada uno busque una imgen, foto, dibujo, lo que sea que se parezca a la idea que tiene de su pj.
Luego una breve descripción de su historia, origenes (leeros la región de origen del pj), objetivos... etc

Venga curraoslo un poco que para eso tenemos foro!!


Johann Karzak

Refugiado en Marienburgo por la invasión del Caos, formaba parte de un grupo de sirvientes de élite, acusado de un crimen que no ha cometido, sobrevive como soldado de fortuna.
Si usted tiene algún problema y logra encontrarlo, tal vez pueda contratarlo...


pan pan pan pan pan pan pan pan




próximamente más
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Dieter : de como di con mis huesos en la carcel

Mensaje  mel el Mar Feb 02, 2010 9:12 pm

Dieter: El vino que tiene Katrina no es blanco ni es tinto ni tiene color...
Jurgen (Pobre desgraciado): !!Calla borracho Nordlandes!!
Dieter: Maldito desgraciado deja que un buen hombre disfrute de un merecido descanso.
Jurgen (Pobre desgraciado): Jajaja hueles a kilometros bastardo
Dieter: Por Sigmar que me estas buscando. Y no querras encontarme
Dieter: Posadero otra jarra de Vino de la casa!
Jurgen (Pobre desgraciado): Tu cara me suena ¿no eras del 2º de Fusileros de Norland?.
Dieter: No que va yo ya estoy licenciado, me confundiras con otro.
Jurgen (Pobre desgraciado): Bastardo borracho que mal hueles. Tu eres del 2º de fusileros, que Morr me lleve si miento.
Dieter: Como quieras .
!choff! !choff!
Jurgen (Pobre desgraciado):Agggg
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Re: Los Personajes

Mensaje  Konrad el Jue Feb 04, 2010 4:55 pm

Si queréis encontrar algún dibujo del rostro de vuestros personajes, podéis encontrarlo en las páginas de los héroes del HMM (3, 4 ó 5). Estos son los del castillo, pero hay más:

http://www.heroesofmightandmagic.com/heroes3/heroescastle.shtml

http://www.heroesofmightandmagic.com/heroes4/heroes_knights.shtml

http://www.heroesofmightandmagic.com/heroes5/haven_heroes.shtml

Ejemplos:

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Re: Los Personajes

Mensaje  Konrad el Vie Feb 05, 2010 12:36 am

La historia de mi personaje:


Konrad Hansën, 29 años, natural de Wissenland.

Sin duda, Konrad Hansën era una persona con suerte.

Cuando nació, en Wissenburg, un rayo de una monstruosa tormenta provocó que el techo de su casa se viniera abajo, matando a su madre y a la partera, pero quedando el recién nacido milagrosamente ileso. Desde ese momento, su padre pasó más tiempo en la taberna que en su casa, hasta que una noche no regresó.

Los inviernos en Wissenland son especialmente duros hasta el punto de confundirse con los veranos, y la infancia de Konrad, junto a la de sus hermanos, estuvo marcada por el hambre. Cuando tenía doce años, los guardias apresaron a su hermano mayor, Albretch, tras asesinar éste a un viandante para robarle. Tras un juicio sumarísimo, su cadáver colgaba de una soga.

Pronto, su otro hermano, Manfred, y él descubrieron la manera perfecta de hacer dinero. Robar a los vivos era bastante peligroso: Las patrullas de vigilantes rondaban a menudo y no era desconocido el caso de "inofensivas" víctimas que habían acabado con sus agresores. No. Era mucho menos arriesgado robar a los muertos. Después de todo, éstos no sólo no se defienden, sino que no echan en falta sus pertenencias.

La primera vez fue extremadamente fácil: un pequeño panteón familiar de una acaudalada familia en un cementerio de las afueras. Al principio, su hermano y él temblaban de miedo, pero el terror se desvaneció cuando lograron abrir uno de los cofrecillos junto al ataúd. Varios anillos de oro, un pequeño abalorio y un colgante de plata: Más dinero del que habían visto en toda su vida. Rieron hasta que les dolió el estómago y fueron corriendo a visitar a un perista conocido por no hacer preguntas sobre la procedencia de la "mercancía".

Durante unos meses, Konrad y su hermano apreciaron las ventajas de tener dinero en el bolsillo: comida caliente en sus estómagos, las jarras de cerveza y vino se sucedían en las tabernas, los amigos se multiplicaban y la "compañía" se lavaba más a menudo.

Pronto el dinero comenzó a escasear y tuvieron que volver al oficio. Al principio, Manfred, era reticente a saquear templos. Lo consideraba una blasfemia y un pecado nefando contra los dioses. Pronto, el hambre venció los escrúpulos de los hermanos. Como aplicados alumnos, aprendieron a abrir cerrojos, descerrajar cerraduras y forzar cualquier tipo de puerta cerrada y evitar las eventuales trampas que los dueños de las tumbas ponían para evitar que los saqueadores hicieran su trabajo. Las tumbas y los templos no parecieron tener secretos para los dos ladrones. Hasta aquella noche.

-Escucha, Manfred. Me han hablado de un lugar al que ir a "trabajar". Por lo que me han dicho, podríamos retirarnos con lo que saquemos. Se trata de la tumba de una tal Kalista, de los Eldritch.

Manfred palideció. -No sé, Konrad. No me parece una buena idea.

-¡Joder! ¿Y eso?

-Se cuentan cosas muy raras de esa chica. Dicen que se enamoró de un campesino y que sus padres la encerraron en su habitación para evitar que se fugaran. La muchacha se volvió loca y se suicidó. No sé... Dicen que su fantasma ha sido visto rondando por la mansión.

-Pues estupendo, si el fantasma ronda la mansión, significa que no rondará su tumba. ¿Te hace o no te hace?

-No sé... Tengo un mal presentimiento.

-Venga, vamos, que no se diga. Nunca has sido supersticioso, ¿te vas a rajar ahora, gallina?

-No sé...

-Cuocuocuocuo...

Manfred gruñó. -Mierda. Está bien, está bien. Iremos esta misma noche.



Tres horas más tarde, los dos ladrones habían bajado hasta la cripta de los Eldritch. La cerradura no había sido ningún problema y no parecía haber trampas de ningún tipo. Tras un oscuro túnel, por fin llegaron a su destino. La estancia era una lúgubre habitación en la que parecía hacer diez grados menos que en el exterior. En su centro, un sarcófago de piedra que debía contener los restos mortales de la joven. A su alrededor, el silencio y la nada más absolutos. Parecía como si la luz de la lámpara fuese incapaz de penetrar la oscuridad de la habitación.

-Mierda, Konrad. ¿Dónde coño están todas esas riquezas “fabulosas”?

Konrad miró a su alrededor, mientras se frotaba los brazos. -A mí me dijeron que...

-¡Ya! Pues mira a tu alrededor. ¡Nada de nada! ¿Podemos irnos ya de una vez? No me gusta nada este sitio...

-Espera. -Konrad miró el sarcófago y lo señaló con la barbilla. -Hay un sitio en el que no hemos mirado.

-No querrás...

-Venga, Manfred, ayúdame a destaparlo.

Manfred no se movió del sitio.

-Joder, hermano, otras veces hemos caminado junto a nichos llenos de huesos y hemos tenido que apartar osarios medio putrefactos para poder pasar. ¿Qué coño te pasa hoy?

-No sé... Es este sitio. Me da escalofríos.

Konrad se río de su hermano, pero su risa sonó extraña, como si procediera de otra persona. Podía oír a su alrededor extraños sonidos, como de agua fluyendo o cuchicheos ahogados de veladas conversaciones. Sin esperar a que su hermano le ayudase, corrió con dificultad la tapa del ataúd.

Un desagradable chirrido inundó la habitación, despertando ecos por toda la estancia.

Con algo de aprensión, ambos hermanos miraron en su interior. Dentro del ataúd se hallaba una muchacha sin duda hermosa, a pesar de su desgreñado pelo negro que contrastaba con la palidez de su rostro. Todo en ella emanaba una sedosa belleza que cortaba el aliento, pero que sumía a quien la contemplaba en un angustioso desasosiego.

La voz de su hermano le sobresaltó.

-Es imposible. Parece como si no hubiera empezado a descomponerse... Como si estuviera dormida...

Honrad pensó que la extraña conservación de la joven se debía a ignotos procesos de humedad, que debía haber conservado el cuerpo sin corromperse. No obstante, a su pesar, sintió cómo se le erizaba el cabello, cómo quería huir de ese lugar. Necesitaba decir algo, cualquier cosa o sus nervios le jugarían una mala pasada.

-Está buena, ¿eh? Apuesto a que te la tirarías ¿o me equivoco?

Manfred le miró con repugnancia. -Pero qué bestia eres, Konrad. Por Sigmar, muestra un poco de respeto por los muertos.

-Vamos, Manfred, no me jodas. ¿Respeto? Llevamos años robando a los muertos, profanando sus tumbas y saqueándolas. Es una coña, estoy nervioso. Además, no es como si la metiera una mano por la garganta y empezara a imitarla canturreando. Hola, Manfred, soy Kallista, ¿no vienes a darme un besito?

Konrad se había vuelto hacia su hermano, de espaldas al sarcófago, y de pronto se quedó helado al contemplar el horrorizado rostro de Manfred.

-¿Manfred?

Su hermano no respondió. Miraba a un punto determinado detrás de él con una expresión de terror absoluto. Konrad quedó paralizado sin saber si deseaba darse la vuelta y contemplar aquello que su hermano miraba.

-Manfred, por favor, si esto es algún tipo de broma...

De pronto, Konrad notó un aliento húmedo y frío a su espalda y algo parecido a una risita ahogada. En ese momento, sin poder controlarse, la vejiga de Konrad empezó a vaciarse mientras un embarazoso líquido caliente recorrió la pierna del ladrón.

Todo pareció suceder en un instante. Las antorchas fluctuaron hasta casi apagarse mientras una sombra saltó hacia su hermano Manfred. Un desgarrador grito invadió la estancia mientras Konrad sólo acertaba a huir de allí lo más rápido que pudo. Pudo escuchar a su espalda unos espantosos sonidos que le asaltarían en sus pesadillas durante el resto de su vida. Los gritos cesaron tan repentinamente como surgieron. Sin poder evitarlo, cuando llegó a las escaleras y se dispuso a subir, no pudo evitar mirar a su espalda. Entre las sombras, distinguió un espantoso rostro femenino que le contemplaba con una sonrisa burlona antes de hundirse en las tinieblas.





Konrad aprendió algo aquella noche. Sobrevivir era una cuestión de pura suerte, de casualidad. Cuestiones como la bondad, la piedad o la virtud no importaban para nada. El más puro azar, como si fuera una tirada de dados de unos misteriorosos demiurgos, decidía quién vivía y quién moría.

Konrad no pasó un día más en Wissenburg. Aterrorizado, se alejó al lugar más alejado que pudo. Tras meses de continuas pesadillas y mirar por encima del hombro, dio con sus huesos en Marienburgo.

Tras unas semanas y sin dinero, hizo lo único que sabía hacer. Una noche entró en un templo de Sigmar para asaltarlo y robar alguna reliquia. No tuvo suerte. Una patrulla de los Sombreros Negros le apresó y dio con sus huesos en la cárcel. Se hallaba en una celda con un soldado que apestaba a alcohol y alguien con las ropas de un sirviente cuando la puerta del calabozo se abrió.

-¿Esta es la mejor escoria que me puedes ofrecer?

El carcelero asintió mientras se guardaba unas monedas de oro.

-Sin duda, señor. Aunque parezcan unos auténticos gañanes tengo un ojo clínico para estas cosas. No son criminales comunes, señor.

-Muy bien, basura, soy Wilhelm Schmidt, pero me llamaréis señor. Sois criminales condenados a largas penas, pero a cambio de un servicio, puedo otorgaros una amnistía. Me duele desperdiciarla en escoria como vosotros, pero si sois lo mejor que las cárceles de Marienburgo pueden ofrecerme, así sea. Sois una escoria con suerte.

Sin duda, Konrad Hansën era una persona con suerte.
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Re: Los Personajes

Mensaje  Guzmán el Vie Feb 05, 2010 1:05 pm

Me llamo Morgan Kiesel. Nací en Eilhart, una pequeña ciudad de Reikland, cercana a las Tierras Desoladas. Mi padre era oficial en el ejército del electorado, así que, como es costumbre en las familias de tradición militar, hizo todo lo posible por que sus hijos varones siguiéramos sus pasos. Decidí apuntarme a la patrulla de caminos, por eso de ver mundo y esas cosas, le dije al viejo. La verdad es que deseaba largarme de Eilhart. Había tenido algún problema con la guardia local; como cuando, después de haber ido de putas una noche, me puse a orinar en la calle y el típico vigilante nocturno, un gilipollas que seguramente tiene una mujer que folla con todos menos con él, decidió que no tenía cosa mejor que hacer que meterme en el calabozo. Bueno, seguramente el hecho de que le meara encima contribuyó a que mis huesos acabaran entre barrotes.

Como iba diciendo, decidí la patrulla de caminos porque también tienen fama de no tener de esos oficiales que llevan un palo de escoba metido por el culo, y que lo tienen tan dado de sí que no se pueden tirar un pedo después de beberse una cerveza. No les soporto. Lamentablemente me tocó uno así. Me acuerdo que el primer día, lo primero que nos dijo, era que él no dejaba que sus hombres se fueran de putas. Así que, con mis nuevos compañeros que, al igual que yo, acababan de alistarse, hicimos lo que se suele hacer en estos casos; nos fuímos a paso ligero a la casa de putas más asquerosa que encontramos, donde pillamos la sífilis, la gonorrea y montones de piojos. Desde entonces siempre he tenido más cuidado en dónde follo.

Cuando eres patrulla de caminos no hay muchas cosas que hacer. Acabas el día con el trasero dolorido de ir montado a caballo. Pero te acostumbasr rápido a eso, y a comer galletas, carne seca y frutos secos varios días seguidos. Ascendí rápido a cabo primero. Era bueno en esgrima y con la pistola. Podría haber ascendido a sargento, pero mi capitán, que tenía el culo tan estrecho que cagaba por la boca, me la tenía jurada. Así que la verdad es que pasaba más tiempo bajo arresto que patrullando los caminos.

Con la invasión del Caos la cosa cambió, y tuvimos que incrementar la frecuencia de las patrullas. Tuvimos un año jodido, los bandidos no entienden de patriotismo ni cosas de esas. Y cuando se dan cuenta que los soldados parten al frente salen de sus agujeros para joder un poco. También tuvimos algunos enfrentamientos con pieles verdes de las montañas. Unos seres estupendos, que desprecian completamente la vida de sus semejantes. Después de la batalla de Mazghorod, con las hordas de Surtha Lenk derrotadas, creímos que volveríamos a nuestra vida de antes de la invasión. Con menos bandidos y pieles verdes y más putas. Pero no pasaron más que unos meses cuando ese tal Archaon decidió que había llegado la hora de tocar los cojones al Imperio. Así que volví a tragar el maldito polvo de los caminos.

Mis enfrentamientos con mi capitán continuaron. Supongo que decidió librarse de mí cuando me encomendó la misión de ir a Marienburgo para custodiar a unos capullos que le habían tocado los cojones a alguien. Me gusta esa ciudad, tiene unas casas de putas estupendas, muy limpias, y hay rameras que vienen de lugares que ni sabía que existían. Pero no pude visitar muchos. A poco de llegar, uno de los empleados de la embajada me presentó a las nenitas que tenía que custodiar: un nordlandés con cara de perro, un ladrón de gallinas y un sifilítico; y encima me tenía que acompañar uno de esos elfos maricas que no saben distinguir una furcia de una condesa.
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De como "deserte" de ejercito de norland parte 1

Mensaje  mel el Dom Feb 07, 2010 3:45 pm

Bien de mañana en el campamento del ejercito Norlandes, la bruma del amanecer estaba levantando y los cuernos tocaban a formar a unos recien levantados soldados. Yo descansaba en la misma tienda que mi tio Gustav y que un amigo de la infancia Ulrich.

Sargento Edmund: En pie malditos a bastardos!
Tio Gustav: Por Sigmar espabila muchacho
Dieter: Voy voy.
Ulrich: Dicen que el mismisimo conde elector dirigira la batalla.
Tio Gustav: No esperes que ese te salve el culo. Confia en tu espada y tu fusil, pero no en un noble que solo busca la gloria sacrificando a sus hombres.
Sargento Edmund: A ver nenazas dejar de cuchichear y formar en linea de a dos.

Formamos en un llano delante del 4 º y 5º de alabarderos de Norland entre el 1º de fusileros y los caballeros Pantera del conde. La moral estaba alta el conde estaba con nosotros y nadie resistia la carga de los caballeros pantera
Tuuuuuruuu

Tio Gustav: Maldición ya estan aqui.
Ulrich: Que vengan mi fusil dara buena cuenta de ellos.
Tio Gustav: Si las cosas se ponen feas quiero que te peges a mi Dieter. Prometi tu madre que cuidaria de ti y asi lo hare por Sigmar.
Dieter: Ya soy mayorcito para cuidar de mi mismo.

Waaaaaaaag. Un sonio sobrenatural de miles de gargantas humanas y no humanas gritando al unisono surgio de la niebla frente a nosotros.

Sargento Edmund:Cargad!! Primera fila rodilla en tierra.
Tio Gustav: Muhachos no os arredreis despues de disparar la segunda salva salid corriendo como alma que lleva el diablo hasta los alabarderos.

Hiiiiiiiiiiiiieeeeeeegh Del cielo nos llego un grito chirriante que hizo que mas de uno mirara hacia arriba acobardado.
Fuushhh Una ola de muerte y podredumbre callo justo en medio del 1º de fusileros, veiamos como a nuestros compañeros se les corroia la carne y caian vomitando sange. A mas de uno se le solto la begiga con aquella visión.

Sargento Edmund: Mantener la linea nenazas, como uno solo de vosotros huya sin hacer la segunda desgarga lo matare yo mismo.

AAAAhhhhhhh! Frente a nosotros a 300 metros de entre la niebla surgieron cientos de Hombres del norte en tromba sin ningun tipo de organización pero con tal furia y desenfreno que helaba la sangre del mas veterano de nosotros. Entre ellos se veian seres extraños, enormes, de fomas ominosas y angulos imposibles cuyo recuerdo todavia me hace despertar gritando.

Sargento Edmund Que nadie dispare! Aguantad!

Estaban a 150 metros. Hiiiiiiiieeeeeegh del cielo bajo una sombra que afortunadamente no llege a ver bien porque callo al otro extremo de la formación. Pero si pude a preciar como levantaba el vuelo con dos cuerpos entre sus garras. Algunos compañeros de ese ala empezaron a recular presas del panico.

Sargento Edmund: Aguantad nenazas aguantad. Esto no ha hecho mas que empezar.
Tio Gustav: Por Sigmar Muchacho esto pinta muy mal.
Dieter: Aguanta tio tenemos qe salir con vida de esto.

Estaban a 50metros

Sargento Edmud: Fuego! Recargad! Fuego a discreción!
Ulrich: Maldio fusil lo que se tarda en recargar
Zuuuunk La cabeza de Ulrich se separo de tronco al impactarle un hacha y su sangre salia a chorros empapandoos a todos a su alrededor
La orina caliente que no podia contener recoria mis piernas mientras paralizado veia el cuerpo de mi amigo caer sin vida

Sargento Edmund: Retiraos rapido retiraros AAAAAAAAAAAAgh

El enorme Wybern habia vuelto a bajar y remontaba vuelo con nuestro sargento en las garras

Tio Gustav: Corre muchacho corre tras los alabarderos!

Salimos corriendo detras de lo alabarderos y justo un instante mas tarde el brutal choque entre aceros recorrio el campo de batalla.
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Re: Los Personajes

Mensaje  Morgan el Mar Feb 09, 2010 11:29 pm

El cazarrecompensas se quitó el sombrero e intento recomponer su postura para aparentar algo de distinción frente al Barón. Se limpió los mocos que le colgaban de la nariz con la manga de su sucio y viejo chaquetón y luego decidió que tenían un aspecto sabroso.



Tenía la boca seca y deseaba una cerveza, aunque fuera la asquerosa pilsen de Gorhen, más que cualquier otra cosa en el mundo.

- Mi Señor... La mujer murió en el parto, un varón, de nombre Johann, por su abuelo... el marido, leñador, no lo ha llevado muy bien y frecuenta demasiado la taberna, culpa al niño de la muerte de la madre. El mocoso está con una hermana de ella.

No era el tipo de trabajo que acostumbraba a hacer, pero un extranjero en esas tierras bien podía ganarse unas monedas, de una manera honesta y con una tarea sencilla como aquella.

- Ya sé que no me incumbe, mi Señor, pero ¿puedo preguntar el motivo de su interés?. El instinto del cazarrecompensas se había disparado, no era la primera vez que un noble tenía descendientes no legítimos con alguna campesina y a aquello podía sacársele algunas monedas más.

Despertó con las manos atadas en un poste, leña y ramas yacían a sus piés. Le dolía terriblemente la cabeza y allí donde había recibido el golpe se le acumulaba la sangre seca, mezclada con el pelo sucio y enmarañado.
Contemplo como el cazador de brujas se acercaba a él con una antorcha y gritaba:
- ¡Sigmar te purificará aunque tu alma corrupta rechace la salvación!.¡Arde, arde y vuelve al averno del que nunca debiste salir!.

El cazarrecompensas grito de desesperación y del dolor más atroz que había sentido nunca. Gritó mientras olía su carne quemada y sentía como las llamas retorcían sus músculos. Gritó y grito hasta que el fuego derritió sus ojos y abrasó sus cuerdas vocales y ya no pudo gritar más. Se retorció hasta que su sangre hirviendo fundió su cerebro y lo último que pensó es que jamás debió hacerle aquella pregunta al Barón.

- Efectivamente no es de su incumbencia, un atrevimiento sólo digno de un patán sucio y lastimoso como vos. ¡Quitese inmediatamente de mi vista!, su hedor amenaza con corromper mi hermoso palacio. El chambelán le pagará lo acordado y dígale que acuda a mi presencia.

- Mi Señor... - Hizo una tosca reverencia y se retiró lo más rápido que pudo, mientras volvía a restregarse la nariz en la manga. "Este dichoso resfriado acabará matándome"- pensó para apartar de su mente la ira del Barón.

Aquello había sido del todo inapropiado. Un hombre de su posición, de su alcurnia, corriendo como un chiquillo detrás de una plebeya... la hija de un cazador a su servicio, ¡un criado!. Pero había algo irrestible en ella, tal vez su mirada, llena de vida, su risa...
¿quién sabe?. Le recordaba otra época, su adolescencia alocada que había vivido intensamente hasta que aquel piel verde le destrozo la pierna y ya nunca más pudo usarla como es debido.
Con un buen baño, algo de maquillaje y un hermoso vestido, no habría desentonado en absoluto en alguna de las fiestas de la alta sociedad.
Sabía que tenía que ser suya, en realidad ya era suya, vivia en sus tierras y él podía coger lo que quisiera... ¿Quién iba a oponérsele?

- ¿Me ha hecho llamar, mi Señor?
- Ah Henrich, sí efectivamente. Da aviso de que traigan a mi presencia a Sir Hector.
- ¿Sir Hector "Incinerador" Gallaham, el cazador de brujas?
- Efectivamente, Henrich, ¿acaso no te has percatado de la cantidad de moco sospechoso que desprendia ese harapiento?
- ¿Mi Señor?...
- Ve Henrich, ve. Que Sir Hector lo investigue, la paga habitual.



El Barón miró distraidamente por la ventana de su mansión y contempló los jardines donde sus hijos correteaban. Sin darse cuenta saco una delicada caja de rapé del bosillo de su chaleco de seda y esnifó una pequeña cantidad, le resultó tan sencillo sacudirse el olor del cazarrecompensas como su recuerdo.

Aunque sus niños eran pequeños, sabía reconocer a unos pusilánimes en cuanto los veía. Ninguno de sus hijos había heredado el espíritu aventurero de su padre... todavía no eran capaces de coger una espada y ya sabían leer, que haciagos tiempos le había tocado vivir a un hombre capaz y bondadoso como él.



Aún se le podía sacar partido a todo aquello. Traería al niño a su casa. Le ofrecería un trabajo al padre y así podría ver crecer al bebé. Sus subditos lo vería como un acto bondadoso, rescatar a un pobre viudo de los tugurios, del alcohol barato y ofrecerle un futuro al pequeño. Siempre había necesidad de sirvientes en una mansión tan grande como aquella.

- Heeeenrich...
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Re: Los Personajes

Mensaje  Morgan el Jue Feb 11, 2010 1:31 pm

El pequeño Johann Karzak se crió en la residencia de verano del Barón entre bosques, bibliotecas y fogones.
Desde el principio tuvo un trato de favor que levantaba las suspicacias de los otros sirvientes y enojaba a su padre. Aquella vez que cogió una espada de madera de uno de los hijos del Barón, que nunca usaba y empezó a perseguir a los perros fué muy comentada, pues el Barón no sólo no lo azotó duramente como hubiese correspondido, sino que se rió del desafortunado incidente.

Desde niño,Johann acompañaba a su padre al bosque, a por leña y como muchos habitantes de Hochland, desarrolló pronto una natural habilidad para mimetizarse con el entorno.
Años más tarde aprendió a utilizar esa misma habilidad dentro del palacio, para pasar despercibido entre las distintas estancias. Nadie repara en un sirviente y menos aún si es el ayudante de uno de los hijos del Barón, con el que curiosamente guarda un notable parecido.
Ese parecido resultaba muy útil en las nocturnas correrías del joven Johann, que solía retrasarse en el lavado de las ropas de su amo, en las que uno siempre podía encontrar algunas monedas o incluso pequeñas joyas, como anillos, pulseras, tabaqueras, candelabros... todo muy del gusto de Olssen, el prestamista local.
La familia del Barón nunca entendió por que su hijo menor era tan popular en los tugurios locales y burdeles de la zona, máxime teniendo en cuenta su escasa salud que le mantenía confinado en la mansión, así como su aprensión a salir de la biblioteca y su escaso o nulo interés por la noche y sus misterios.
Aquella vida no estaba nada de mal y el joven Johann decidió que algún día sería rico, aunque tuviera que trabajar para conseguirlo. Claro que por el momento no era necesario hacer muchos sacrificos pues sus ahorros aumentaban y más aún despúes de haber llevado al pueblo un hermoso collar de oro y esmeraldas para que el orfebre le hiciese los cuidados pertinentes. ¡¡ Quien iba a saber que aquellos bandidos conocían su misión y le estuvieran esperando !!. El había hecho todo lo posible por mantenerlo a salvo, pero ante esos 3 forajidos, no 7, no tenía ninguna oportunidad...
Menos mal que Olssen le dejó algo de dinero para ahogar su pena en buen vino y que Barby y Melissa pasaron la noche consolándole, pués su grande era su pesar y no deseaba estar sólo.
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Pero por muy buenas que fueran aquellas escapadas, Johann nunca perdió el Norte. Siempre reservaba una cantidad, pues algún día él sería el amo.

Entonces llegó la gran invasión. Las huestes del cáos procedentes del Norte arrasaron todo el mundo que Johann había conocido, tierras desoladas, bosques incendiados, cultivos arrasados, muerte y hambre por doquier...
claro que mirando el lado positivo si es que lo había, nadie preguntaría por qué el Barón estaba muerto y el hacha de su padre ensangrentada.
Así es la vida, unos días estás arriba y otros abajo. Bueno hay gente como el Barón que podía estar arriba, en el mirador y su cabeza en el patio, pero es que los nobles son gente aparte. Ese maldito desgraciado, estirado y remilgado no le caía mal del todo al bueno de Johann.

Por desgracia toda Hochland había sido reducida a cenizas y sangre. La vida que Johann había conocido tocaba a su fin y sabía que echaría de menos todo aquello.
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El viaje en la caravana de refugiados resulto insoportable. Su padre enfermo, pasando mucho frío y con escasa comida, andando sin descaso entre barro y suciedad, cargando con lo poco que había podido rescatar de la mansión.
Pero la habilidad de Johann en la cocina les salvó, pues era capaz de mezclar los escasos alimentos que tenía a su alcance en algo caliente y comestible y poco a poco la gente fué pidiéndole que guisara lo que habían podido conseguir y de este modo Johann pudo ir haciendo acopio de provisiones.

La caravana acabó en Marienburgo donde su padre consiguió un trabajo en una carpintería, que sin ser ninguna maravilla le permitia comer caliente y pagar una pensión decente.
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Johann descubrió al único perista honrado de todo Marienburgo, que le acusó de haber robado aquella cubertería de plata, sólo por que llevase el escudo de familia de sus antiguos amos y la guardia tampoco se atendió a razones.
Algún día Johann volverá a Marienburgo y le enseñará a ese usurero el verdaero significado de la palabra "robo".
Despúes, la carcel y quién sabe como, ahora Johann es uno de los guardias personales de un niño destinado a convertirse en el nuevo Emperador.

Arriba y abajo, así es la vida...
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De como "deserte" del ejercito de Norland parte 2

Mensaje  mel el Lun Feb 22, 2010 2:35 pm

[img][/img]

El choque entre ambas fuerzas fuer brutal y nuestros valerosos piqueros apenas fueron capaces de frenar a las enloquecidas hordas del caos. En el brebe respiro que tubimos pudimos ver como los caballeros pantera con el conde elector a la cabeza luchaban con gallardia en el ala derecha hasta que una tromba imparable de perros de Khorne se les echo encima desde todos los angulos, al ver que caian la mayoria de sus caballeros el conde elecetor se retiro. En ese momento y frente al panico generalizado de una retirada general, tio gustav y yo pusimos pies en polvorosa.

-Tio gustav: Corre Dieter por tu vida!! si nos atrapan nos espera algo peor que la muerte.
-Dieter: ya vienen ya vienen

Consegimos internarnos en el bosque con las hordas del caos pisandonos los talones, se escuchaban gritos de terror y agonia por doquier de los hombres que eran alcanzados. Poco a poco se fueron atenuando, pero cuando creiamos que tal vez lo consegiriamos del cielo cayo frente a nosotros una bestia informe.


[img][/img]

Tio Gustav: corre Dieter ponte a salvo, intentare darte todo el tiempo que pueda.
-Dieter: no tio no huye conmigo
-Tio Gustav: no sobreviviremos asi que corre maldito. Morh me dara una muerte digna

[img]URL=https://redcdn.net/ihimizer/i/fow1covers.jpg/][/URL][/img]

Sali corriendo entre lagrimas en parte por la segura muerte de mi tio en parte por verguenza de mi cobardia al no tener agallas de quedarme y morir como un valiente.

-Tio Gustav: Bestia inmunda te enviare con tus dioses.
Catacrok!
-Tio Gustav: Aaaaaaaaaggggggh
Choff Choff

No volvi la vista atras y corri como alma que lleva el diablo.Gracias a Sigmar pude huir de aquel paramo de muerte y destrucción.

[img]URL=https://redcdn.net/ihimizer/i/chthecharnelfieldsmood.jpg/][/URL][/img]

Tras vagabundear sin rumbo durante semanas escondi mi uniforme señal inequivoca de mi cobardia y di con mis huesos en Marienburgo.
La locura, el terror y la pena de aquel dia hacen que no pueda conciliar el sueño si no hundo esos recuerdos en alcohol.


Última edición por mel el Jue Feb 25, 2010 11:31 am, editado 1 vez
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Re: Los Personajes

Mensaje  Morgan el Mar Feb 23, 2010 8:31 pm

Para cuando Dolwen "el rey de los Unos" escriba su historia:

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Re: Los Personajes

Mensaje  Morgan el Mar Ago 17, 2010 1:19 pm

Venga majetes, que ya toca escribir la historía de los nuevos pj´s. PX estras para quienes se lo curren:


A Morgan Schwarzhand se le iluminaron los ojos y una profunda sonrisa se dibujo en su rostro.
Había adoptado su apellido profesional debido a una quemadura que una partera medio loca le provocó al nacer. "Encontrará su destino en lo más profundo del Imperio" y dicho esto le quemó la mano con unas brasas.
De adolescente Morgan se acostumbró a llevar siempre guantes o mitones negros.
Schwarzhand, Manonegra

- Te tengo, Rey Leoric...
Comprobó por tercera vez las medidas y los datos. No había error posible. El nerviosismo y la impaciencia hicieron su aparición.
Carraspeo levemente y recompuso su aspecto intentado parecer relajado e indiferente.
Apareció el mayordomo con una taza de té.
- Ah, excelente, Regus, muy amable. Hazle saber a tu Señor que ya he acabado de consultar sus libros y que no serán necesarias más visitas a su magnífica biblioteca. Me gustaría agradecerle su amabilidad en persona, pero asuntos urgentes requieren que parta de inmediato.
- Así se hará, mi señor - respondió el criado.

Sebastian Himberg era un hombre temeroso y aceptar aquel trabajo no había sido algo que hubiese planeado, pero con su mujer enferma y los chiquillos, necesitaban algo más de dinero, sobre todo para los medicamentos de Ángela.
El cementerio estaba oscuro y muy frío. El vapor salía de su boca y el castañeteo de sus dientes le mantenía permanentemente intranquilo. A su lado, su pequeño Morgan no parecía estar pasándolo tan mal. Ciertamente estaba helado pero la emoción de pasar la noche en un sitio así compensaba el sufrimiento. Al día siguiente podría contárselo a Guus y Névill y estos se quedarían alucinados.


Schwarzhand recogió todas sus cosas a la carrera y salió de la mansión a toda prisa. Paró un carruaje que pasaba por la calle justo en ese momento y tras acordar el precio se acomodó en el interior del habitáculo. Sacó los diagramas y textos que había recopilado en el último mes, en sus visitas a anticuarios, coleccionistas privados, eruditos y los repasó una vez más.

Había pasado algo más de un año. Sebastian ya había dejado sus nocturnas rondas por los jardines de Morr, pues su mujer ya estaba casi recuperada y desde que el pequeño Morgan había empezado a trabajar, los ingresos en el hogar habían mejorado. A Sebastian siempre le pareció una tontería eso de que el chiquillo aprendiera a leer y escribir, incluso en clásico... - "ya ves tu, ¿para qué servirá eso?” - solía pensar. Ahora el muchacho trabajaba noches sueltas en una copistería, escribiendo aburridos documentos y cartas oficiales.

Morgan, Guus y Névill saltaron el muro de los jardines y se quedaron agazapados, atisbando en la penumbra y escuchando cualquier sonido que indicara que un guardia les había descubierto.
Nada.
Esperaron a que las nubes taparan las lunas y bien agachados avanzaron en silencio hasta el mausoleo de los Von Harald.
Névill era como una ratilla. Pequeño, delgaducho, con grandes orejas, nariz alargada, dientes torcidos y feo como un pecado. Morgan estaba seguro que en la carrera de la evolución había hecho trampas y se había colado entre los humanos, cuando en realidad le hubiera tocado estar unos escalafones más abajo, pero su oído era inmejorable.
A Névill le tocaba vigilar.
Morgan era hábil y sigiloso y se encargaba de la planificación. Había estado ayudando a su padre en la vigilancia del cementerio y se lo conocía muy bien. Él había seleccionado las tumbas y mausoleos que parecían tener cierta relevancia para sus propósitos y había preparado los trabajos de acuerdo con los turnos de la guardia.
Guus era ancho de espaldas, rubio y con don de gentes. Tenía cara de buena gente y realmente lo era, un amigo leal. Peleaba bien y esto les había sacado de más de apuro.
Aguardaba con la palanca, por si las ganzuas de Morgan fallaban.
El cargaría con el botín y se reuniría con sus amigos si eran descubiertos y se separaban.
Esa noche, cuando terminasen su trabajo en la "oficina" lo celebrarían a lo grande.

La Rata Ahogada rebosaba de gente esa noche. Era un tugurio de mala muerte en el barrio pobre de Middenheim, cerca de la puerta sur. Névill y Guus ya llevaban a su cargo unas cuantas cervezas cuando Morgan estrelló sus documentos en la mesa.
- Lo he encontrado, está aquí mismo, en Middenheim.
Guus, que no sabía leer, miró temeroso a su alrededor. A la gente de Middenheim no le gustan los finolis y culturetas, y desde luego tanto pergamino en la mesa era casi provocar.
- ¿La tumba perdida de Leoric, el rey de los bandidos?. No puede ser... - escupio Névill. De inmediato agarró los diagramas y escritos y empezó a estudiarlos.
Varias miradas se centraron en su mesa revuelta de papeles.
- Creo que es un buen momento para dar una vuelta... - recomendó Guus.

Con las ganancias extras que aportaba el joven Morgan, su padre, Sebastian Himberg pudo centrarse en el negocio, las cosas habían marchado bien hasta que las hordas del cáos aparecieron y los hombres de la familia fueron llamados a las armas.
Sebastian y sus hijos acudieron. Con Morgan partieron también los inseparables Guus y Névill. Y cuando las huestes de Archaeon, el Señor del Fin de los Tiempos fueron derrotadas intentaron regresar a sus vidas.
Sebastian había perdido dos hijos y una pierna. El negocio estaba en la ruina y tardaría un tiempo en poder volver a ocuparse de él, al menos hasta que estuviera un poco más restablecido de sus heridas.
Morgan, decidido a llevar una vida respetable se hizo cargo del negocio, pero para su desesperación descubrió que los antiguos proveedores de su padre no respetaban la palabra dada y aprovechándose de la escasez y hambruna producida por la guerra especulaban para hacerse aún más ricos.
Definitivamente Morgan Himberg y su familia no podrían sobrevivir en un mundo así. Pero Morgan Schwarzhand sí podría hacerlo y de paso ajustaría las cuentas a alguno de esos mercaderes sin escrúpulos.


- Se supone que en las alcantarillas habitan mutantes, hombres-rata y vete tú a saber qué más abominaciones del cáos... por eso está la guardia de las cloacas - Protesto Névill.
- Sí, es cierto. - corroboró Morgan - ahora vayamos con la malas noticias. Según estos trazados la tumba se halla en las catacumbas prohibidas bajo la ciudad. La montaña es como un queso grullere, lleno de túneles y cavernas por las que es muy fácil perderse.
- ¿Y las buenas? - dijo Guus- dime que hay alguna buena...
- Estas - afirmo Morgan, al tiempo que extraía unos uniformes de la guardia de las cloacas de una saca y se los mostraba...



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Re: Los Personajes

Mensaje  Steiner el Miér Oct 06, 2010 1:09 pm

Los padres de Steiner sucumbieron a la plaga antes de que hubiera cumplido los dos años de vida. Es curioso. Steiner es consciente de que era demasiado pequeño cuando sucedió para tener memoria de ello, pero hay un recuerdo que ocasionalmente asalta su mente. Probablemente, un sueño recurrente, o mejor dicho, una pesadilla. Pero tan vivida…




Una casa enorme, probablemente la mansión de sus padres en Bogenhafen. Steiner contempla cómo un niño avanza torpemente por un inacabable pasillo, solo. El color del pelo del chico es el mismo que el de Steiner. Al fondo, una puerta entreabierta desde la que se escuchan murmullos ininteligibles. Steiner intenta decir algo, pero no puede. Es como si estuviera paralizado. El niño tiene miedo pero avanza. Con temor, abre la puerta con un espantoso crujido. Steiner parpadea, cegado por la repentina luz. En el centro de la habitación hay una cama. En ella, hay alguien tumbado en una rígida postura.

Steiner está nervioso. El ambiente está cargado, apesta a enfermedad, y zumbidos de moscas y apagados cuchicheos llegan hasta sus oídos, susurrándole palabras que no entiende y provocando que el vello de su nuca se erice. El niño, y Steiner tras él, dan unos pasos hacia la cama. En ella, distingue a una mujer. Repugnantes eccemas verdosos cubren su rostro, junto a yagas abiertas por las que supura un apestoso pus. Steiner ha contemplado de cerca más casos de viruela verde y sabe que la mujer está muerta.

Los ojos del niño se llenan de lágrimas mientras sigue avanzando.

-¿Mamá?

De pronto, la mujer abre los ojos y una garra de dedos verdes y afilados, se cierra sobre el brazo del chico. El niño grita. Steiner grita.




Sus primeros años en el monasterio, junto con otros huérfanos como él, fueron tediosos. Recitar el Deus Sigmar sin fallar una sola vez, limpiar las baldosas del suelo hasta que el hermano Fuller pudiera contemplar su rostro reflejado, pelar titánicos montones de patatas y hortalizas y orar durante horas y horas seguidas antes de acostarse y empezar un nuevo día idéntico al anterior.

El tiempo se sucedió y, como a todos los novicios, le llegó la posibilidad de ordenarse como un iniciado de la Orden del Yunque, los hermanos encargados de recopilar y atesorar el saber de Sigmar y llevar una vida contemplativa; o bien optar por la Orden del Martillo de Plata y salir al exterior, a predicar la Palabra de Sigmar y vivir apasionantes aventuras. Steiner no tuvo que decidirse mucho.

Su primera misión consistió en escoltar al padre Remark, un distinguido sacerdote de Sigmar desde Bogenhafen hasta una ciudad al norte de Altdorf. Aunque el recorrido era relativamente seguro, el corazón de Steiner latía desbocado. ¿A qué clase de peligros se enfrentaría? ¿Quizás bandidos? ¿Hombres bestia? ¿Sectarios de los Poderes Ruinosos?

Su cometido al llegar a la primera posada del camino fue desalojar por la fuerza de sus aposentos a una pareja de burgueses por orden del sacerdote, ya que no quedaban habitaciones de primera clase y el padre Remark no estaba dispuesto a compartir catre con la chusma en una habitación comunal.

Steiner se encontraba confundido pero no discutió las órdenes del sacerdote. Después de todo él no era más que un novicio. Durante toda la tarde y noche aguantó con estoicismo las quejas, caprichos e insultos del padre sigmarita. No obstante, todo cambió cuando entró en los aposentos y descubrió a un sudoroso y desnudo sacerdote Remark junto a la lloriqueante hija del posadero. La ropa de la niña había sido arrancada y yacía hecha jirones por el suelo.

“¿Estáis loco? ¡Es una niña! ¡Sus padres están abajo mismo!”
“Conozco a los de su calaña. Unas cuantas coronas bastarán para cerrar la boca de esta putita y de sus padres. Incluso podrán comer caliente durante unos días. Es casi lo mejor que podría pasarles”.

Los cables se cruzaron en la cabeza de Steiner. El iniciado no pretendía golpear tan fuerte al padre Remark, pero éste salió despedido por la ventana.




-¡Era un cerdo violador!
-Contén tu boca, Steiner. Remark era un sacerdote de Sigmar. Con muy buenos contactos en Altdorf, para mayor desgracia.

Steiner bufó desesperado mientras el padre Fuller daba vueltas a la habitación, meditando.

-No creo que la noticia trascienda. Supondría una pésima reputación para la Iglesia de Sigmar. La muerte de Remark quedará como un desgraciado accidente. En cuanto a vos, saldréis para Middenheim mañana mismo. Vuestro tío ha intercedido por vos. Además me parece una excelente idea. Unos cuantos años entre los ulricanos servirán para calmar vuestra impetuosidad.




Han transcurrido diez años desde entonces. Steiner ha vivido desde entonces en Middenheim. No ha sido un mal destino. La gente es ruda y feroz y no guardan un especial cariño a los sigmaritas.




-¿Miedo, Steiner? Siempre he dicho que los sigmaritas sois un poco mariquitas.

La voz de Haagen, el iniciado de Ulric a su izquierda le saca de su ensimismamiento. Las palabras de Steiner tiemblan, transmitiendo lo contrario de lo que dice.

-Pues claro que no.
-Eso es bueno. A ver si atacan de una puñetera vez. Me estoy empezando a aburrir.

Steiner no es que tenga miedo. Está literalmente paralizado por el terror. Las noticias de Wolfenburgo y lo sucedido a sus habitantes tras su asedio por los Poderes Ruinosos han llegado a Middeheim. Steiner sabe lo que les sucederá a todos si la ciudad cae.

Es mediodía. Los oidos de Steiner están invadidos por un silencio tan atronador que le ensordece. El abrasador sol quema con inclemencia las almenas de Middenheim. El polvo que trae el viento se ha quedado adherido al sudor que resbala por su rapada frente. Su justillo de cuero le parece tan pesado que el más simple movimiento se convierte en un suplicio. Por un momento, a pesar de la indefensión que le supone, agradece no portar ningún casco. Su estomago sube y baja y la cabeza le duele horriblemente. Su boca, seca y pastosa, suplica por un simple sorbo de agua. Está rodeado por otros iniciados de Ulric, algunos casi niños, que han subido a contemplar el espectáculo. Todos portan sus hachas y espadas, preparados para el combate. En sus rostros Steiner no ve miedo, sino anticipación. Están locos.

En la lejanía, las huestes de Archaon han terminado de formarse. Son una interminable masa negra que cubre el horizonte. Steiner traga saliva, ajeno al sordo dolor de sus nudillos al sujetar el martillo. Es el ejército mas grande y terrorífico que ha visto jamás.

De pronto, un espantoso rugido se desata y el suelo comienza a temblar mientras el asedio a Middenheim comienza. La vejiga de Steiner lucha por no vaciarse. Apenas puede oír la voz de Haagen a su lado.

-Por fin, ya era hora, joder. Que no tenemos todo el día.




Un año despues, la Tormenta del Caos ya no es sino un mal recuerdo, aunque sus devastadores efectos todavía estén presentes. La vida ha ido volviendo poco a poco a la normalidad. Steiner ha podido estar más cerca de su tío. Esa mañana, por ejemplo, un sirviente vino a buscarle en su nombre con motivo de un extraño collar.
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Ulrich von Fridrich

Mensaje  mel el Mar Mayo 17, 2011 1:14 am

Me cago en el puto viejuno!. Penso el niño Ulrich mientras limpiaba la mugre de las sartenes en la cocina de piedra. Llevaba seis meses en la torre con el viejo y no hacia mas que limpiar, acarrear bultos y esos aburridos ejercicios de concentración los cuales no creía sirvieran para una mierda.
Malditos sean mis padres por deshacerse de mi y entregarme a este cabrón de Von Duck no soy su alumno soy su criado, me engaña con esas clases estupidas para no pagarme un chelín y hacer todo el trabajo duro.
Escupio a la mancha de quemado de la gran hoya para restregarla con el trapo.
Inicialmente todo parecía muy bonito, el chico tiene un gran potencial, haré de el un gran mago del que se sentirán orgullosos… pero no le había enseñado ni una gota de magia desde su llegada.
Mirando ensimismado al fuego de la cocina pensó en entrar a hurtadillas en la sala de magia a la cual tenia terminantemente prohibido la entrada para ver si por fin veía hacer algo de magia.
Umm tendría que ir con cuidado si no quería que el viejo volviera a medirle el lomo con su bastón de mago.

Días mas tarde pudo atesorar el valor para asomarse a la sala, sorprendido se vio en un pasillo de piedra al fondo del cual se veía una intensa luz. La curiosidad fue mas fuerte que el miedo y avanzo sigiloso por el pasillo.

Unas palabras incomprensibles y de pronto noto una ola de calor en el rostro, una tremenda congoja se apodero de el y cuando iba a dar media vuelta vio aparecer por la esquina del pasillo el impresionante rostro del maestro envuelto en llamas.

Ulrico Von Fridrich que demonios haces aquí!

Salio corriendo como alma que lleva el diablo presa del pánico. Esa noche durmió calentito si de la paliza que le propino el viejo cuando lo atrapo. Maldito viejo.


¡Que grande es el maestro! Pensó el joven Ulrich mientras le oía recitar el hechizo de la lección de ese día y unos dardos brillantes brotaban de sus dedos para ir a estrellarse sobre la chamuscada pared de la sala de magia. Ya llevaba seis años con el maestro y ahora comenzaba a enseñarle la verdadera magia, después de aprender los rudimentos del aethyr, los vientos de magia, por fin tenia acceso a la sala y empezaba a manejar esos vientos a su capricho para ejecutar hechizos.

Te toca muchacho inténtalo otra vez.

Abracadabra igitum luminus! Esperanzado vio como se iluminaban sus dedos para horrorizarse cuando un olor fétido empezó a ocupar toda la estancia.

¡Maldito niñato has echado a perder mis componentes! Aquella noche el joven Ulrico durmió calentito por la paliza que le propino el maestro. Pero que grande era el maestro.


¡Pobre viejo ya chochea! Pensó el adulto Ulrich cuando la cortina de llamas del maestro quedo mas alta sobre e nivel del suelo. Ejecuto los gestos con precisión milimetrica y su cortina quedo a ras de suelo en zigzag con doble tirabuzón y cogiendo todos los monigotes que les servían para practicar dentro de ella. Su piel se había bronceado con el paso de los años y su pelo era rojo brillante como el de la mayoría de los magos de fuego, lejos estaba el paliducho niño que llego a la torre. Tatuajes elaborados recorrían su piel a la moda de los jóvenes magos de fuego.

¡que pasa maestro no puede ya con el cayado! Su genio se avivado y resultaba bastante impertinente la mayor parte del tiempo.

¿Ulrich Von Fridich no querras ir calentito a dormir?

Perdóneme abuelo pero su bastón no tocara mas mi espalda.

No me refiero a ese tipo de calor muchacho! Dijo el viejo con el rostro envuelto en llamas.

Jajaja Viejo esos trucos ya no valen conmigo. Dijo Ulrico con el rostro envuelto en llamas a su vez.

Esa noche el adulto Ulrich von Fridrich abandono la torre que le habia visto crecer. El viejo no tenia nada más que enseñarle era hora de salir al mundo. ¡Pobre viejo ya chochea!
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